«De las tablas del pesebre al madero de la cruz»

Mujer busca amigo - 945157

Dos años después, las palabras siguen teniendo el mismo sentido y el pregonero la misma emoción al pronunciarlas. Niño, piensa en la alborada. Pues sí, amigos, es la letra de un villancico precioso, escrito por nuestro querido Arzobispo Emérito Don Antonio Montero Moreno, y he querido traerlo como pórtico de este Pregón.

La izquierda invisible

Admirar noticias guardadas Era lunes santo del año , el Cristo del Amnistía, majestuoso y solemne, asomaba por la Gran Vía en dirección a la Glorieta seguido de su corte de estantes y penitentes. En ese edad, Mercedes Jiménez Díez, camarera del paso, emocionada como nunca antes la había visto, literalmente se arrastraba al gran ventanal pese a que su delicada salud se lo impedía. Parecía casi milagroso ver cómo su fe le daba toda esa fuerza para rebelarse y clavarse ante Él, ante su Cristo. Pocos días después, el pequeño José mejoró. Ella cumplió lo galán haciéndose cargo de la camarería de la nueva cofradía del Cristo del Perdón, una promesa que su cachorro nunca traicionó, pues le acompañó todos los años de su vida entretanto que las piernas lo sujetaron. La familia tenía una finca en la huerta donde ordenaron plantar un parterre con flores destinadas exclusivamente para la decoración del paso del Perdón, lo llamaban el Jardín de Juan Antonio, en honor al aparcero al que encomendó su cuidado, y era ella misma la que todos los abriles decoraba personalmente con aquellas primorosas flores la salida del Cristo. Nadie se atrevería a entrar allí, la apartamento de un médico, respetada por todos, los de un bando y los de otro. Finalmente, la Junta de Incautación lo descubrió y fue requisado para llevarlo, junto con otras tallas importantes, primero al museo de Bellas Artes y después a la Basílica con el supuesto pretexto de proteger el patrimonio español. Su destino iba a ser Rusia, concretamente el Galería del Hermitage.